Caso del niño desaparecido en Itaembé Guazú: “No pueden anticipar los peligros, pero mantener una rutina disminuye el riesgo”, señaló una psicopedagoga

A raíz de lo sucedido días atrás con la desaparición y posterior aparición de un niño de nueve años en el barrio posadeño de Itaembé Guazú, la psicopedagoga Romina Chas brindó algunas recomendaciones sobre cómo abordar la situación y reflexionó sobre el rol de la sociedad ante estos casos.


Bruno Chamorro, el niño de nueve años con TEA que desapareció el miércoles en el barrio Itaembé Guazú de Posadas y fue encontrado ayer al mediodía, conmovió a toda la ciudad tras lo sucedido. Pasó toda la noche en la fría intemperie, en compañía de su perro que no se apartó de él en ningún momento, hasta ser hallado en la zona de Costa Mango.

 

Según señalaron desde el Juzgado Correccional y de Menores a cargo del caso, dispusieron la entrega del niño a sus progenitores luego de un exámen médico para corroborar su buen estado de salud, en tanto que luego le darían intervención a la Defensoría de Menores. Esta sería la cuarta vez que Bruno se aleja de su hogar

 

La psicopedagoga Romina Chas se refirió a la cuestión y llamó a reflexionar sobre los nuevos paradigmas cuando se habla sobre discapacidad: “No hablaríamos de discapacidad si no existieran barreras culturales y de prejuicios. Con accesibilidad y compromiso social, no iría más allá de una condición de salud de las personas”.

 

Romina Chas.

 

Trastornos del neurodesarrollo

 

En diálogo con Misiones Online, la profesional explicó que todo lo relacionado a trastornos del espectro autista (TEA), discapacidad intelectual, trastornos de hiperactividad, comunicación o motricidad corresponden, partiendo del manual de diagnóstico de salud mental, a trastornos del neurodesarrollo.

 

Todos son sumamente heterogéneos y se presentan con un abanico muy distinto de características en cada persona, pero hay puntos distintivos que obedecen a alteraciones en el lenguaje, la comunicación, cognitivas y problemas de la función ejecutiva, es decir la capacidad de organización y planificación”, manifestó.

 

Esto último, explicó, hace que en algunos casos los niños se pierdan, tal como le sucedió a Bruno, ya que “no pueden anticipar el peligro y no razonan sobre los riesgos que corren, por lo que se olvidan de cómo volver a casa”. 

 

¿Qué se debe tener en cuenta?

 

Es importante entender que las familias forman parte de una comunidad. Por ello existe una responsabilidad social predominante y no sería correcto culpar a la familia ante casos como este. “No es algo fácil. Cuando hay un integrante del grupo familiar con alguna discapacidad, existe mucha vulnerabilidad”, señaló.

 

“La sociedad y la comunidad entera tienen que acompañar en los distintos problemas que puedan haber, y esto se dio -con Bruno- porque hubo ayuda de parte de todos los vecinos que lo estuvieron buscando”, destacó.

 

Chas explicó que en muchos barrios ocurre que el territorio familiar excede o va más allá del portón. “Se trata de una particularidad regional. A veces la plaza forma parte del territorio personal, por lo que puede ocurrir que los chicos hagan cosas que consideren que corresponde al espacio privado”, afirmó.

 

Comprender esto contribuye a desmitificar y a no estigmatizar a las familias cuando se den hechos como el que le sucedió a Bruno. 

 

Los niños con distintos trastornos en el neurodesarrollo deben tener una rutina estable:

 

-Mantener horarios lo más fijos posibles y para todas las actividades diarias: para comer, para bañarse, para dormir y para jugar. “De esta manera, tanto la familia como el niño pueden anticipar los distintos momentos, disminuyendo el riesgo de que sucedan cosas como estas”, acotó.

 

-Al momento de jugar, apuntó, alguien debe supervisar al niño y puede tanto un familiar como un acompañante terapéutico. “Más que nada en este tiempo de aislamiento, es importante no cortar la comunicación con los equipos terapéuticos para que acompañen a las familias para sobrellevar esta situación”, recomendó.

 

Enfocarse en sus intereses

 

No todos los chicos con el mismo diagnóstico son iguales ni tienen los mismos intereses, y más allá del diagnóstico, hablamos de la niñez. Podemos ofrecerle juegos interactivos con sonidos, con estimulación visual y táctil: para armar y de encastres”, especificó.

 

No obstante, sostuvo que en muchos casos “les motivan elementos que no son juguetes”. Puede ocurrir que se distraigan o entretengan con cosas que “no tengan la utilidad que nosotros sí le daríamos”, entonces la propuesta de recreación debe encararse a partir de esos intereses.

 

La psicopedagoga aseguró que estas herramientas no son necesariamente solo para los pequeños con estas características, sino que tanto la rutina organizadora como el apoyo de personal terapéutico también les ayudan a los niños en general. “Facilita la convivencia en aislamiento y en la vida cotidiana”, cerró.


 

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